La LIJ: asentada en el presente.

Colaboración de Anna Lavatelli, escritora italiana ( Panamericana)

Qué tanto deben tener de especial los cuentos para ganar su espacio en la vida de los chicos de hoy, no obstante las atractivas del mundo digital? A pesar de tantas ofertas fascinantes, ellos siguen leyendo. Es más: las estadísticas de ventas, así como la presencia de un creciente numero de editores, nos muestran que las nuevas generaciones  leen mucho más de sus padres y de sus abuelos. En esta evolución lectora han  jugado un rol importante el acceso a la educación y los avances sociales, pero también ha sido importante el trabajo de los autores modernos y contemporáneos, más sensibles – en términos de estilo literario y de propuestas narrativas –  a  las expectativas de sus lectores. La LIJ  se ha vuelto más  movil, cambiante, flexible, innovadora, tanto en el estilo como en sus propuestas narrativas, tratando de no dejarse encasillar en gráficos o  esquemas.

Yo nací en Italia, donde vivo. En mi tierra, por ejemplo,  el camino de la nueva literatura infantil y juvenil, consciente de no ser un refugio para  escritores frustrados u ineptos, sino una oportunidad para cultivar el espacio emocional de los chicos y compartir  su imaginario,  empezó con Gianni Rodari. En su  ‘Grammatica della fantasia’ – obra critica que mantiene hasta ahora todo su fuerza de innovación  –  encontramos ejemplos del arte de sacar cuentos a partir de juegos de palabras,  lapsus, disparates. Y en el mismo tiempo descubrimos la importancia de la creatividad, la que hace que un ‘pretexto narrativo ’ pueda  llenarse de sentidos profundos y contarnos algo que sea atractivo. Suficiente con mirarlo, de  una perspectiva diferente y imprimirle un desarrollo inesperado. Con Gianni Rodari la LIJ italiana aprendió a  contar cuentos que cuestionen lo que nos enseñaron, a no aceptar  por cierto y seguro lo que nos parece dudable, solamente porque alguien lo grita más fuerte. Y también empezó a  estimular preguntas incómodas, curiosidad, interés para lo que es nuevo o diferente.

Muchos son los cambios en las nuevas generaciones, debido a un contexto que empuja y acelera la transformación del sistema de vida. Pero, por adentro, el proceso sicológico del crecimiento de la persona, en términos de afectividad y formación del carácter no me parece muy cambiado. Quedan las inquietudes de siempre, en el proceso formativo de un joven: las  mismas grandes preguntas que no tienen respuesta, las pesadillas  que no dejan dormir en las noches, la incomodidad de estar pendientes de los adultos, las ganas de tener áreas de autonomía en su vida diaria.

Lo que ha cambiado es la manera con que nosotros los escritores de LIJ  nos acercamos a su mundo, el lenguaje que utilizamos para conectarnos  con ellos. Hace falta superar el  gap cultural que nos separa, hace falta transformarlo en un puente. Para mi, estos son, hoy en día,  los retos del escritor de LIJ.

La  complejidad de escribir radica en la dificultad de descubrir lo que más  mueve un chico a seguir leyendo el libro que tiene en sus manos; imaginar  que es lo que espera encontrar, más allá del cuento en sí: algo que lo consuele, que lo empuje , que lo haga reír o enojarse… En fin, de qué manera  sea posible acercarse a los chicos, capturar su atención,  sin renunciar a la calidad literaria del texto, sin dejar  que la narración  de los comportamientos humanos termine de ser creíble,  para complacer al lector y darle el deseado ‘happy end’, a toda costa.  Esto no significa en absoluto dejar de a lado la fantasía. Significa, al contrario, hacer un esfuerzo para sorprender al lector, buscando con sinceridad literaria ( o sea con aceptables mentiras ) soluciones posibles, también en el mundo fantástico en el que a veces están ambientadas. El mundo de la literatura tiene que reinventar hasta la vida real, pero no puede hacerlo sin lógica, sin convencer al lector que   siempre  hay salida, diferente solución, otra reacción humana que no te esperes. Par mi, esta es la mejor manera para ’interceptar’   la sensibilidad del lector, de hablar, sin que parezca,  a su vida personal. En mi opinión, esto es el valor de la LIJ de hoy: ofrecerle al lector una posibilidad de interpretación de sus lecturas, hacer que el cuento se enriquezca con las interpretaciones de cada uno de sus lectores. Cuando el lector es muy pequeño, las ilustraciones se hacen cargo de esto.

En fin, la clave de nuestro trabajo, la que nos une a todos en estos tiempos tan cambiantes, yo creo pueda ser  la voluntad de enseñar la belleza de la literatura. Enseñar, en el sentido de la origen latina de la palabra: ”in signum“: dejar una marca en la vida emocional de los chicos, un interés hacia los libros, una curiosidad que les ayude a desarrollar su  personalidad y su propio gusto, incluso a través de la lectura.

Un escritor de LIJ  – esto pero sí, siempre –  tiene la responsabilidad de salvar las palabras de  su posible  pérdida de sentido, abuso, trivializacion y empobrecimiento. Tiene que cultivar su  riqueza creativa y expresiva y enseñársela  sus lectores. En la era de los SMS y del los tweet, el uso de un    cuidadoso estilo literario sirve para recordarle a las nuevas generaciones que las palabras nos hacen libres, pero hay que aprenderlas. Los libros están allí para ayudar.

 

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